viernes, 29 de octubre de 2010

Utopia

27 Agosto/2007

Gracias, gracias por esa noche en que las estrellas no brillaron, gracias por ese silencio y esa mirada, gracias por la noche mas tierna.


Sin plan de nada, llegaste a mi vida… dicen que las personas son como viajeros en los vagones del tren de nuestra existencia, y en cada estación algunos se bajan, otros permanecen, esperando la estación correcta… otros nunca abandonan el vagón. Pecando de honestidad, se que  te bajaras de mi tren, mientras me quedo con lo que llevo, con las miradas tiernas, con los celos y las ironías, con el amor que brota cuando te veo, con los nervios que recorren mi piel cuando se rozan nuestras manos, cuando entre el bullicio de la gente un suspiro te grita lo que te añoro,  cuando entre apariencias te siento, te respiro, te quiero. Me quedo con el sabor de tu piel, con la forma de mirarnos entre la gente y entre nuestro poco espacio, entre el silencio que tengo que gritar lo mucho que te amo.

Me quedo con el recuerdo temporal de un amor de tiempos y contratiempos. Me quedo con el frío después de que te fuiste esa madrugada, me quedo con la sensación de tu cuerpo y el mío, me quedo con la forma en que mi cuerpo temblaba entre tus brazos.

Un amor con rivales sin rostro, un amor que debe permanecer así, guardado entre lo oscuro y lo siniestro de mi corazón, ahí deberá permanecer hasta que se disipe, o hasta que explote y llegue un día en que no pueda evitar llorar y gritarme a mi misma, lo siento, no pude. Te amo.

Que ironía no te parece? Mientras tanto, me toca seguir fingiéndote a ti este amor que ante tus ojos y los mios… no hay nada personal.  

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